NOS SIGUE SORPRENDIENDO
Por Juan Cruz Rosas
Coleccionista e investigador
En nuestra tarea de coleccionistas, archivistas e investigadores de tango siempre hay, por suerte, gratas sorpresas que nos siguen asombrando. Por ejemplo, el hecho de dar vuelta una foto y encontrarse con los personajes que la componen, abrir un álbum de discos y toparse con ese ejemplar que dábamos por perdido y que ansiábamos conseguir y llegar a nuestra casa para poder oírlo; o como en el caso, comprar una revista de antaño, hojearla y encontrarse con una perla a casi cien años de su edición. Y si esa joya tiene que ver con Julián Centeya, la emoción que produce el hallazgo es mucho más gratificante todavía.
Cualquier tanguero de ley sabe quién fue Julián Centeya. Los que recién comienzan tal vez tengan alguna referencia sobre él, por la milonga que lleva su mismo nombre y que compuso junto al gran guitarrista José Canet.
Pero este hombre fue mucho más que esa famosa milonga. Centeya fue una de las personas o tal vez la persona, que más supo y que más entendió el Tango (con mayúsculas). No ha faltado quien dijera que hasta inventó Buenos Aires. Por lo menos, la ciudad del Buenos Aires-tango fue su invención.
Américo Enrique Vergiati nació en Italia y arribó a la Argentina junto a su familia en el año 1922. Es increíble pensar que con tan solo ocho años de arraigo en el país y con apenas veinte de edad pudiese haber escrito estas curiosas décimas que les traigo para compartir y que fueran publicadas en “La Canción Moderna” en el mes de marzo de 1930. Recordemos que la revista era editada por Julio Korn y dirigida y escrita casi en su totalidad por Dante A Linyera, destinatario de estos sentidos e inteligentísimos versos.
I Parte
“Vea ñorse director
De la gran CANCIÓN MODERNA,
Usted que es chochamu pierna
Como un orre de mi flor.
Noaltri semo lo mejor
De la ranta muchachada
En la mistonga barriada
Barracas y el sabalaje
Que lo forma el malevaje
De esta terrible cortada
II Parte
Como nos vamos a dir
En jira pa el interior
En verso, che Director,
Nos queremos despedir
Pronto pensamos salir
En tren de franca excursión
Por eso un fuerte apretón
De manos y un fraternal
Saludo franco y cordial
Le damos de corazón
III Parte
Se compone esta partida
De tres amigos sinceros
Somos “los tres mosqueteros”
De la cortada querida,
La barra queda afligida
Al irnos pa el otro lao
Y “el malevaje extrañao
Se mira sin comprender”
Y dicen ¿Qué vamo a ser?
Nos dejaron amurao!
IV Parte
Para encabezar la lista
del trinomio arrabalero
vamos a nombrar primero
a un conocido furquista
un nene madrugalista
mas famoso que Sandino
se trata de Leiva “el chino”
muchacho sin berretines
que se morfa los botones
como si fueran lupines
V PARTE
Viene después Milonguita,
Crack de Barracas al Norte,
Para lucirse en un corte
Bailando “La cumparsita”
Nunca tira la piolita
Cuando baja del tranvía,
Tuvo un lío el otro día
En California y Herrera
Por una gresca fulera
Que se armó en la lechería
VI Parte
El que manda es D’Artagnan
Que de labia la trabaja
Un taita de rompe y raja
Que la va de capitán,
En este trio haragán
Que se lució por Pompeya
Allá en la trifulca aqueya
De quemeras y vivillos
Donde a cañemu y cuchillo
Se impuso: JULIÁN CENTEYA
La novedad radica en el hecho de que el poema ya se encuentra firmado con el pseudónimo con el cual quedó grabado en la historia: JULIAN CENTEYA.
Amleto siempre se autoproclamó su discípulo. Basta con leer sus escritos para ver cómo, una vez más, el alumno superó al maestro. Esta obra que le editó su amigo Linyera, puede presumirse como la primera publicación de quien fuera luego: “El hombre gris de Buenos Aires”. Además de poder encontrarnos con una maravillosa carilla escrita por Julián, vemos con emoción que le dedica sus rimas a Dante, su amigo, maestro y seguramente propulsor y primer editor.
Este hallazgo nos obliga a repensar y reconstruir la versión oficial que hasta ahora creíamos sobre el origen de su pseudónimo. La leyenda cuenta que fue José Canet quien le sugirió el nombre para cambiarlo por el primitivo que habían pensado para estrenar la milonga precitada y que se iba a llamar “Javier Pardales”. Según esta novedad, Julián Centeya sería el primer pseudónimo que utilizó, antes que Enrique Alvarado o Shakespeare García o Juan Sin Luna. ¿Por qué lo dejó y lo retomó luego? Cuestión que habrá que investigar. ¿Habrá en otras ediciones otros versos desconocidos firmados con ese nombre?
Por otra parte, el verso nos permite inferir que Centeya dirigía por entonces, algo así como una especie de trio de arte callejero (o de banda callejera de dudosos fines), otro motivo que merece seguir siendo estudiado. La analogía entre delincuencia y tango es patente.
Espero que disfruten estos increíbles versos de Julián, intentando poder contribuir y elevar su nombre para que muchos “tangueros” no admiren más a los rayos que a Centeya.
















