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GONZÁLEZ CASTILLO- UN LIBRO DE LAUTARO KALLER

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RESCENCIONES TANGUERAS

UN ACIERTO DE LAUTARO KALLER

HISTORIANDO A JOSÉ GONZÁLEZ CASTILLO

Por Pablo Darío Taboada 

El mejor libro que he leído durante el año 2020 ha sido sin ningún lugar a dudas el escrito por el investigador y tangófilo rosarino Lautaro Kaller sobre la vida y obra de Don José González Castillo.

El trabajo intitulado: “Un árbol en llamas. Biogafía de José González Castillo” ha sido publicado en formato papel – como bien merece y corresponde en esta época de abuso virtual- por la Universidad Nacional de Rosario EDITORA-. La obra fue publicada en el año 2016 pero debo confesar que me enteré de su existencia durante el año inmediato anterior y su autor ha tenido la deferencia de enviarme un ejemplar desde Rosario para poder disfrutar y aprender con la lectura de su investigación.

Ante todo merece destacarse que el trabajo de Kaller vale en primera instancia por haber reflotado de cierto ostracismo imperdonable a un talento magnánimo como el de José González Castillo, que al decir de Homero Manzi, era el hombre que rejuvenecía a propósito. Por lo tanto, el primero de los múltiples aciertos de Kaller es rescatar una figura inmensa de la cultura argentina de las primeras décadas del siglo XX.

El segundo de sus aciertos está dado por un tridente de seriedad investigativa que cuenta con elementos que por lo general no estuvieron presentes en los libros sobre las figuras del arte nuestro. Me refiero a preceptiva, metodología y exposición crítica. El autor ha trabajado verdaderamente con fuentes de época irreprochables que él mismo logró reunir en su afán de coleccionista del pasado cultural y las supo seleccionar, exponer y analizar.  

Otro de los aciertos de Kaller versa en la calidad de su prosa, clara, concisa, brillante y amena. La lectura se torna diáfana debido a los recursos literarios empleados por el autor, que si bien sabe apelar al sentido estético de los enunciados, éstos nunca son novelados sino que mantiene una constante narrativa histórica bien concebida desde el plano lógico, conceptual  y argumental. La presentación de la investigación está tan bien gestada que un capítulo lleva inmediatamente al otro, generando en el lector un permanente y cálido hábito de querer seguir leyendo más páginas perfectamente hilvanadas.

En cuanto al contenido de la obra en sí, la misma es inmejorable. Si en algún momento pensé en escribir algo sobre González Castillo ya he desistido de esa idea, en la medida de que con este libro, ya está dicho todo lo que había que decirse del ilustre poeta y dramaturgo rosarino.

Con precisión calibrada en cada dato fáctico enumerado y con abrumadoras citas de fuentes confiables y de primera mano utilizadas, Kaller aborda todas las temáticas que nutrieron la vida del padre de Cátulo: su vida privada, infancia, estudios, política, compromiso libertario y algo más, calidad intelectual, labor educativa, gremialismo,  dramaturgia, gauchesca, teatro, cine, poesía y tango. Pero por sobre todas las cosas es menester resaltar dentro de la biografía mentada, lo bien plasmado que está el contexto cultural de la época que fue escenario ineludible de un clima histórico irrepetible que se caracterizó por forzar ingenios de todo tipo.

José González Castillo ha sido uno de esos tantos genios que alcanzaron la cúspide de la excelsitud y la obra de arte en atención a la agudeza que brotaba de su señera pluma, dominada por un intelecto nutrido de conocimientos y curiosidades.

Artista cabal y libre-pensador a ultranza, tal vez sea la obra de Don José González Castillo una de las pruebas más contundentes (la otra sea quizá la de Héctor Pedro Blomberg) para afirmar que la divisoria tantas veces planteada entre cultura popular y cultura de alta alcurnia sea totalmente imposible.

El libro de Lautaro Kaller confirma mi aserto de manera convincente. La única élite cultural conocida es la de toda una época en pleno, siendo González Castillo uno de sus principales artífices.

Desde esta casi insignificante porción del universo, del mundo y de la vida cósmica que me toca, puedo decir con cierto orgullo tanguero, que como bien en la historia se alinearon los planetas para que los dioses permitieran la existencia del Egipto Faraónico, la Atenas de Pericles o la Roma de Cicerón, también por nuestros lares la gracia divina ha querido que existiera la vieja Buenos Aires de los años de 1920. Misterio que no podrá develarse jamás pero que me anima a toparme con personajes de la talla de González Castillo.  Su grandeza puede recordarse en algunos pocos versos como estos:

“Desde esa tarde su canto parece

Con su incansable motivo chillón

La monocorde sonata del grillo

En el pentagrama de aquel callejón”

O esta otra:

“Con sonora gambeteada cruza un tábano zumbón,

Y tras el verde montón de las frutas apiladas

Hay dos sandías caladas justificando el pregón”

O al tal vez esta:

“Quien me diría que toda la gloria de aquella gentil posesión

Era la efímera coda que al valse ponía mi loca ilusión”

El arte de González Castillo como el tango, no solo conmueve por lo emotivo, sino también por lo inteligente.

Esas mismas palabras le caben al libro de Lautaro Kaller, del que aconsejo no solamente su lectura, sino también su re-lectura porque es una pieza magnífica que debe leerse como mínimo más de una vez.

Actualizado ( Sábado, 16 de Enero de 2021 02:45 )  

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