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PEDRO LAURENZ

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HISTORIA ARTÍSTICA DE PEDRO LAURENZ”

Primera Parte

Por Pablo Darío Taboada

LAURENZ, PEDRO

(PEDRO BLANCO ACOSTA)

Buenos Aires, 10 de octubre de 1902- Idem. 7 de julio de 1972.

Violinista, bandoneonista, compositor y director.

Uno de los máximos exponentes del fueye

 

1.    PROEMIO

Cuando en la historia del tango se habla de bandoneonistas, el nombre de Pedro Laurenz debe aparecer siempre entre los máximos titanes del instrumento. Cansa cada día más escuchar a los comentaristas y musicólogos del hoy mencionar solamente a los músicos de tango de vanguardia y de más allá del terraplén todavía, como si éstos fueran los únicos –y lo que es peor aún- los mejores, en el arte de adiestrar técnicamente el fueye. Falacia mayor todavía consiste la vulgata que expresa que recién a partir de Astor Piazzolla los músicos dominaron el bandoneón. Prometo que en otra ocasión escribiré algunas reflexiones sobre el mundo bandoneonístico porque hay muchos sofismas para desenmascarar. Uno de ellos es el que dice que Piazzolla y los suyos son los que alcanzaron con el bandoneón cimas inalcanzables para los muchachos del pasado, endebles según los opinólogos actuales, de técnica y conocimiento. Gran mentira, sustentada generalmente por la dogmática de algunos pocos y la poca información de los otros muchos.

Pedro Laurenz es una prueba contundente contra la veracidad del aserto anterior. Los bandoneonistas de la Guardia Vieja ya salían del conservatorio desde la época del alemán Bernstein. Pero bueno, para algunos “estudiosos” todo empezó con Piazzolla. Afortunadamente la historia enseña que el tango tuvo antes de las pretensoras vanguardias no menos de seis brillantes décadas desde el punto de vista artístico-musical.

Entre los instrumentos más cercanos al tango, se erigió como pocos el bandoneón y Pedro Laurenz fue desde sus inicios en la década de 1920 hasta su desaparición física, uno de los cinco mejores instrumentistas del fueye. Pero al margen de la destreza bandoneonística de Pedro debe resaltarse su enorme respeto y sentimiento para interpretar y hacer sentir la música de Buenos Aires, que es precisamente el tango. A su condición de colosal instrumentista cabe agregar su notable condición de director de orquesta típica y su gran fama de compositor. Le bastaría simplemente con la melodía de “Como dos extraños” o “Milonga de mis amores” para figurar entre los más descollantes creadores del género. Pero como si con ese par de primores no bastara, a eso puede sumarse una reseña que incluye: “Amurado” (en dupla con su gemelo, Pedro Maffia), “Vieja amiga”, “Mala junta” (con Julio De Caro), “Berretín”, “Risa Loca”, “Mal de amores” y tantos otros éxitos sublimes.

La producción de Pedro Laurenz ha sido mayúscula. Toda su obra es dignísima de los mejores elogios, y abarcó el aplauso en todas las dimensiones por las cuales su temple atravesó los caminos del tango. Creo que su altitud artística merece un reconocimiento mucho mayor al que se le profesa. Espero que este artículo sea un homenaje a su recuerdo y a la difusión de una historia sublime, en donde el tango y el bandoneón vivieron un romance inalterado.

2.    LA FAMILIA BLANCO/LAURENZ. VILLA CRESPO

Pedro Laurenz nació en la calle Garibaldi del barrio de La Boca, en la ciudad de Buenos Aires, el día 10 de octubre de 1902. Pero su apellido paterno no era el que adoptó como nombre artístico durante toda su extensa y exitosa carrera. El músico fue bautizado con el nombre de su padre biológico: Pedro Blanco. Su padre contrajo nupcias con la señora Rafaela Acosta –la mamá de Pedro-, quién con anterioridad había estado casada con un señor de apellido Laurenz. Por lo tanto, Pedro adoptó como nombre artístico, el apellido de su padrastro. (Clara prueba de las mentiras de Julio De Caro de haberlo bautizado con ese nombre).

Es altamente factible que Pedro cambiara el Blanco por el Laurenz, precisamente porque sus dos hermanastros mayores, Eustaquio y Félix (hijos de Rafaela) se apellidaban con el Laurenz de su padre y eran ya avezados bandoneonistas en el mundillo del tango rioplatense cuando Pedro se aprestó a tomarle el pulso al teclado del fueye.

En su infancia, los Blanco-Acosta pasaron de La Boca al barrio de Villa Crespo, donde Pedro transcurrió su adolescencia. Sus hermanastros se hicieron músicos y se fueron a tocar el bandoneón al Uruguay haciendo campaña ya desde fines de la década de 1910. Pedro, -menor de edad todavía-, quedó en Villa Crespo y estudió el violín, aunque nunca se dedicara profesionalmente a ejecutar tal instrumento.

Cuando tenía quince años (aproximadamente en 1917), comenzó a dominar el bandoneón aprendiendo las nociones elementales de sus hermanos mayores que cruzaban el Río del Plata de forma permanente. Los cafetines  y peringundines de Villa Crespo, la zona del Maldonado y La Paloma lo conocieron al momento que él mismo los iba conociendo como curioso músico ambulante. Jovencito aún conoció en Villa Crespo a Enrique Pollet con quién perfeccionó el bandoneón.

3.    SUS PRIMEROS PASOS POR EL TANGO. SU VIAJE AL URUGUAY. CON ROBERTO GOYHENECHE

Desde 1918, Laurenz trabajó brevemente junto a Eduardo Arolas en Buenos Aires. También conoció por los cafetines de Villa Crespo a Paquita Bernardo y a Osvaldo Pugliese, con quienes actuó de manera esporádica, haciendo los relevos de otros músicos. Para 1920 se lanzó de lleno al tango, viajando al Uruguay para trabajar con sus hermanos y otros músicos en Montevideo. Consiguió gracias a sus parientes un puesto de bandoneonista en la orquesta del pianista y compositor Luis Casanova, quien había tocado con Arolas cuando Pedro hizo suplencias en esa orquesta. El cuarteto de Casanovas actuaba en el café “Au Bon Jour” de Montevideo y completaban la agrupación dos violinistas posteriormente famosos: Edgardo Donato y Roberto Zerrillo.

En 1922 retornó a Buenos Aires y se sumó a la orquesta del famoso pianista Roberto Goyheneche, con quien debutó en las primeras transmisiones de Radio Cultura.  Integró el célebre sexteto del compositor de “Pompas” que dirigía la agrupación desde el piano y que actuaron durante 1923, en el famoso Café ABC de Canning y Córdoba. Completaban la formación de Goyheneche:  Laurenz y Pollet en los bandoneones, Juan Marchisi  y Emilio Marchiano en violines y Luis Bernstein en contrabajo.

4.    SU INCORPORACIÓN CON JULIO DE CARO. SU ENCUENTRO CON PEDRO MAFFIA

En 1924 se había formado una orquesta comandada por Luis Petrucelli y Julio De Caro. A los primeros movimientos comerciales de los discos Víctor, Petrucelli se enemistó con Julio De Caro (Juan Ayala, que conoció a Julio De Caro y trabajó como sonidista de esa agrupación durante varios meses en la década de 1940 me contó un interesante relato sobre esa separación que en otro momento recordaré) y abandonó rápidamente el conjunto para integrar la Orquesta Típica Víctor. El lugar de Petrucelli quedó vacante y Pedro Maffia, a la sazón, el primer bandoneonista de Julio De Caro salió a la caza de algún ladero de su nivel.

Las mentas de Enrique Pollet eran muy destacadas y Maffia pensó que sería su reemplazante ideal. Fue así como que una noche de 1924, el Pibe de Flores se presentó con los hermanos De Caro en el Café ABC para escuchar a la orquesta de Goyheneche y tentar a Pollet para abandonar las filas del polaco por unirse a  la de De Caro. Aparentemente, Maffia quedó deslumbrado con Laurenz y luego de una pequeña prueba, en son de amistad, mediando el acuerdo expreso entre De Caro, Goyheneche, Maffia y Pollet, el discípulo terminó siendo elegido para ocupar el lugar de Luis Petrucelli.

La dupla Maffia-Laurenz cobró gran notoriedad en el medio y en 1925, sin perjuicio de sus actuaciones en el sexteto de Julio De Caro, grabó una serie de discos para el sello Víctor (existe un artículo sobre ello en la sección discografía).

Francisco De Caro en piano, Julio De Caro en violín corneta y Emilio De Caro en violin, Maffia-Laurenz en bandoneones y Leopoldo Thompson en contrabajo, conformaron el primer sexteto integrado por Laurenz en 1924. Para 1925, Alfredo Krauss reemplazó a Thompson y luego, en 1926, Luis Bernstein reemplazó a Krauss, quien retornó al conjunto en 1927.

En 1926, al alejarse Maffia del conjunto de De Caro para formar su propia orquesta, Pedro Laurenz ocupó el primer lugar en la fila de bandoneones, haciendo las veces de segundo fueye un instrumentista de alta jerarquía que tendría mucho que ver con los nombrados. Me refiero el cieguito “Armando Blasco”, persona de escasísima visión física pero grandísima elocuencia técnica e interpretativa.

5.    DISCOS VICTOR Y PRIMERAS GRANDES COMPOSICIONES. REPERTORIO GRABADO. VIAJES AL URUGUAY Y AL BRASIL

Laurenz participó en la casi totalidad de las grabaciones efectuadas por Julio De Caro hasta que se separó del conjunto para formar el suyo propio en el año 1934. Por lo tanto, con la excepción de las primeras placas acústicas donde se lucieron Maffia y Petrucelli, el resto de las grabaciones de De Caro en los sellos Victor y Brunswick, cuentan con el aval de Laurenz en el fueye; primero con Maffia y  luego con Armando Blasco. Es menester recordar que también con éste último grabó a dúo de bandoneones para el sello Victor, el tango “Lazos de seda” de Antonio Tanturi, con el acople de “Guardia vieja” de Julio De Caro. (Víctor N° 79792).

A nivel compositivo, dio a conocer “La revancha”, su primer tango en 1924. Tuvo la suerte de imponer su repertorio en una de las mejores orquestas típicas de la década y de la historia del tango toda y por ello sus composiciones fueron conocidas prontamente por el público en general. En 1925, De Caro le grabó el tango “Flor de noche” y en 1926, el citado “La revancha”.

En 1927, Laurenz dio a conocer “Amurado”, tango compuesto a medias con Pedro Maffia. La primera parte es de Laurenz, la segunda que se suele cantar como estribillo, de Maffia. Este tango ha sido uno de los más famosos de todos los tiempos y fue incluido en el repertorio de un sinnúmero de artistas del género. Cuenta con una letra inmejorable del poeta y violinista José De Grandis que llevaron al disco Carlos Gardel, Ignacio Corsini y Agustín Magaldi. Maffia lo grabó de manera instrumental a dúo con el bandoneonista Alfredo De Franco. Lo grabó también Francisco Lomuto y naturalmente, Julio De Caro.   

Ese año dio a conocer también otro tango que se constituiría en clásico del género. Me refiero a “Mala junta”, en dupla con Julio De Caro. Apareció también “Risa loca”, gran melodía grabada por Rosita Quiroga de manera cantada (letra de José De Grandis).

A principios de 1928, Agustín Magaldi le llevó al disco “Mala junta” con letra de Juan Miguel Velich y también “Berretin”, tango con letra de Enrique Cadícamo. El sexteto de De Caro siempre grabó los tangos de Laurenz. Fue así que llegaron también las placas de otras dos magníficas composiciones: “Mal de amores” (que con los años fuera reflotada por la orquesta de Osvaldo Pugliese) y “Orgullo criollo”, en dupla nuevamente con Julio De Caro.

En 1927, la orquesta de Julio De Caro con Pedro Laurenz como primer fueye se luciría en Montevideo y también en el Brasil. El sexteto argentino muy conocido por los discos que se editaban en el país hermano fueron contratados por la boite del Hotel Copacabana en Río de Janeiro. De allí proviene el gran tango de Julio De Caro en homenaje al sitio que lo contrató.

6.    DISCOS BRUNSWICK. GIRA POR EUROPA. EN EL CINE CON CARLOS GARDEL

Hacia fines de 1928, la orquesta de De Caro fue contratada para grabar en la casa Brunswick de Buenos Aires. Los discos de esta afamada orquesta se editarían a su vez en simultáneo en catálogos de sus pares del Brasil, Estados Unidos, España  y Francia. A su vez, por exportación, otros discos cruzaban a Chile y por el Pacífico viajaban hasta Centroamérica; y de Francia se vendían otros a diversos sitios de Europa. Fue así como la orquesta de De Caro comenzó a ser conocida y cotizada en el extranjero.

En 1931 fue contratada para realizar una gira por Europa. Julio De Caro como director y violin corneta, José Nieso en violín; Pedro Laurenz y Armando Blasco en violines, Francisco De Caro en piano y Vicente Sciaretta en contrabajo cruzaron el Atlántico para efectuar un extenso recorrido por Italia de sur a norte, que abarcó cuanto menos conciertos por teatros, hoteles y boites de Nápoles, Roma, Florencia, Turín y Milán.

En Turín Pedro Laurenz se reencontró con grandes amigos del fútbol como el Mumo Orsi y Renato Cesarini. La orquesta, luego de una actuación en radio en Turín, fue convocada para tocar en Milán ante el Duce Benito Mussollini.

En Francia, actuaron en Niza, en el Palacio del Mediterráneo junto a Carlos Gardel y la Mistinguett. En esos días, Laurenz y De Caro se reencontraron con el ídolo cantor, quien les presentó a su vez al nuevo admirador que había ganado por aquellos días: Charles Chaplin. El máximo divo del cine bailó tangos con la orquesta de De Caro. En su debut inicial, contó con la presentación en francés, nada menos que de Carlos Gardel.

Cuando pasaron a París, además de actuaciones en cabaret y grabaciones  para la Brunswick francesa, Gardel los hizo llamar para que lo secundaran musicalmente en la película Paramount, “Las Luces de Buenos Aires”. En esa cinta, la orquesta participa en varias escenas ambientadas en un teatro, pero lo más emotivo fue la participación actoral que hicieron como “extras” tanto De Caro como Laurenz en la escena en la que Gardel cantó para la posteridad su tango “Tomo y obligo”.

De Caro estaba parado en la tarima de un pobre cafetín llamado “El cocodrilo” con un parche en el ojo. A su lado, sentado con el fueye, aparecía Pedro Laurenz con bigote postizo, empuñando el bandoneón, mientras juntos tocaban “Mi provinciana”. En un momento dado, el fueye de Laurenz soltaba con gran destreza  las primeras notas de “Tomo y obligo” y Gardel pasaba a realizar una interpretación monumental para la historia del tango.

Laurenz conocía a Gardel de los entretelones de la Buenos Aires de 1926/27, cuando el cantor solía encontrarse con Julio De Caro. Pero afianzó su amistad con el magnánimo artista cuando convivieron unos meses en Francia. A pesar del conocimiento, nunca se animó a pedirle que le grabara piezas. La versión de “Amurado” le había llegado por manos de Maffia. Laurenz vio por última vez a Gardel, en 1933.

Y 1933 fue el último año en el que Pedro Laurenz participó en la orquesta de Julio De Caro. Para 1934 crearía su conjunto propio.

   

Actualizado ( Viernes, 30 de Marzo de 2018 03:14 )  

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