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JUAN PEDRO CASTILLO

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“JUAN PEDRO CASTILLO”

Un violín con historia de vieja data

Repaso de su trayectoria tanguera

Por Pablo Taboada

 

CASTILLO, JUAN PEDRO

(“El popular”, Castillito, sus apodos)

(“Rey del pizzicato”, su seña artística)

Violinista, mandolinista, director y compositor

(BUENOS AIRES, 14 de diciembre de 1899/ BUENOS AIRES, 16 de febrero de 1961)

El apellido “Castillo”, representa en el tango la designación de grandes creadores. Piénsese en el trío de José González Castillo y su hijo Cátulo, como en el gran cantor Alberto, para recordar de manera inmediata tres salientes figuras que significaron mucho para el arte tanguero. Pero también, detrás de las deslumbrantes estrellas que evocamos recién, podemos encontrar que también otro de los hombres más respetados en el medio por sus propios colegas, ha sido el de otro Castillo. En el caso, el de un señero músico que aportó lo suyo desde los tiempos de la Guardia Vieja. Me refiero a Juan Pedro Castillo.

Los gardelianos sabrán recordarlo por la grabación que le inmortalizara Carlos Gardel: el vals “Mascotita de marfil” en colaboración con Giovinazzi y Roldán. Pero su historia, data de antiguos tiempos, bastante anteriores al disco de Gardel.

Ya en 1905, cuando tenía seis años de edad, ejecutaba el mandolín por talento de su virtuoso oído musical. Y era tan grande su popularidad precoz, que lo bautizaron de niño “el Popular”, razón que le llamó la atención al Pibe Ernesto Ponzio, quien lo convocó para trabajar en un conjunto callejero. Tocaba desde el mandolín los valses de moda  y los tangos exitosos de ese lustro como “La morocha”, “El choclo” y “El otario”.

En 1906, Ponzio lo convocó para un trio con él desde el violín y Luciano Ríos, en guitarra. Castillito, ingresó para tocar el mandolín en lugar de Aníbal Ríos, hermano del violero, que había dado un paso al costado. Con este trío, tocaron en el Paseo de Julio en plena recova, además de amenizar por las tardes, alguna peluquería, zapatería o sastrería de la zona. Juan Pedro Castillo, siguió tocando de niño con su mandolina por muchas tiendas comerciales, donde lo dejaban trabajar a la gorra de la clientela, tanto en la zona del bajo, donde vivía, como en los barrios suburbanos.

En 1913, se produjo un encuentro que favoreció la suerte musical de Castillo. Vivía dijimos, en el Bajo, en la calle Huergo 345. El famoso violinista David Tito Rocatagliata, pasó a vivir un tiempo al lado de su casa y de esta forma, el muchachito ya de catorce años, que tocaba de oído el mandolín, obtuvo sus primeras lecciones de música oficialmente y tomó por instrumento el violín.

Rocatagliata era en esos años, el maestro del violín en el tango (luego se destacarían en su línea pero sin pizzicato, Agesilao Ferrazano, Cayetano Puglisi y Elvino Vardaro), y definió la personalidad musical de Castillo. Le transmitió el oficio con la modalidad del pizzicato, primero con un dedo y luego con repique. Con los años, los admiradores de Castillo aplaudirían los pizzicatos en “Tierra negra” de Graciano De Leone; “El entrerriano” de Rosendo Mendizábal, “Don Juan” de Ernesto Ponzio, “El llorón” de Radrizzani, “El porteñito” de Villoldo y “La tablada” de Francisco Canaro. Puede avizorarse que la música de la Guardia Vieja fue la preferida para difundir por Castillo, ya que tocó siempre aquel maravilloso repertorio.

En 1914, integró un trío junto a Donato Sabatiello en bandoneón y Juan Albornoz en guitarra, para trabajar en el Café “Fedriani”. Luego, pasó al Café “El Agua Sucia” en Santa Fe y Luis María Campos (1915). Alrededor de 1916, pasó al legendario Café “La Paloma” en Villa Crespo, haciendo dúo con el pianista Alfredo F. Roldán, que con el tiempo se convirtiera en letrista de éxito, ya que también era bueno con los versos.  

En 1918, integró las huestes orquestales de José Servidio, donde actuaba también Luis Servidio, para tocar en las noches del Café “La Puñalada” de Triunvirato y Gurruchaga, épocas en las que el barrio de Ville Crespo, se destacaba por tener dos o más locales por cuadra (cafés, billares, cines, etc) donde tocaban orquestas de tangos.

En 1919, fue convocado nada menos que por el bandoneonista Roque Biafore, para tocar el violín en la orquesta de Roquito en el Café Nacional de la calle Corrientes. De ésta época, data su conocimiento y amistad con Carlos Gardel.

En 1920, volvió al Café “La Paloma”, donde estrenó “A pan y agua” de Cobián, ya que el pianista era en ese instante, compañero de la conscripción del Popular, que en ocasión de tener permiso de salida, se ganaba unos pesos tocando tangos con su violín.

En 1922, pasó con su cuarteto al famoso café “ABC” de Rivera y Canning, junto al Negro Eduardo y la Pinta Fumagalli en bandoneones y Simoni Alfaro al piano. Hacia 1924, pasó su cuarteto a la confitería “La Argentina” de Cabildo y Republiquetas, con Osvaldo Pugliese al piano, Fumaggalli y Garabelli en fueyes y Castillo en violín. “La cumparsita”, era uno de los éxitos del cuarteto de Castillito.

En 1925, pasó al café “Flandes” de Pampa y Blandengues, en el Bajo Belgrano. Simoni Alfaro reemplazó en piano a Pugliese. Y cuando Simoni se fue del conjunto pocos meses después, lo reemplazó nada menos, que Don Carlos Di Sarli.

En 1926, volvió al centro, al legendario Café “El Parque” de Talcahuano y Lavalle, con el denominado Trio “Bravo”. Castillo al violín, con el piano de Alfonso Ramiro Lacueva y José Laina en bandoneón.

Castillo siguió dirigiendo tríos y cuartetos hasta que en 1929, integró nuevamente las filas de José Servidio “Balija”, actuando en el restaurante “El Tráfico” de Avenida Alvear y Lucena.

Compuso junto al pianista Rafael Giovinazzi –en esa temporada estaba en la orquesta de Roberto Firpo-, el vals “Mascotita de marfil”, que llevaba letra de su amigo Alfredo Roldán, que como dijimos era además de músico, letrista de alto vuelo. En realidad, la pieza pertenece a 1928 y se la dio el propio Castillo a Gardel para que la llevara a Francia. Gardel estrenó el vals en París con mucho éxito y al regresar de su gira europea de 1929, lo grabó en discos en Buenos Aires. También le dedicó a Gardel la obra de su tango “¿Por qué te fuiste”?, que el astro finalmente no grabó.

En 1933, obtuvo el tercer premio a la mejor orquesta de tangos en el concurso organizado por el diario “Critica” de Natalio Botana en el Luna Park (Había ganado Julio De Caro, seguido por Edgardo Donato).

Durante los años treinta y cuarenta, actuó con sus tríos y cuartetos en todas las provincias argentinas y también en la radiotelefonía. Compartió sus mentas en conjuntos junto a Alejandro Scarpino, Mario Canaro, Cuarteto Los Ases, Cuarteto Espectacular, Cuarteto Buenos Aires y otros conjuntos que solía dirigir desde el violín, en los palcos del “Germinal”, “Beningno”, Marzotto” “Falucho” y otros. Supo tocar en el cine “Boedo”, y en la década del cuarenta en los cabarets “Chantecler”, “Marabú” y “Tango Bar”. Hizo innumerables bailes por clubes y fiestas de todo el país, y también en Montevideo.

Como compositor, además de los citados, se recuerdan pocas obras:

-“Sueño de amor”, vals que dedicó a su esposa y que parece ser su primera ópera popular, publicada en 1920 por la Casa Ediciones Musicales de la calle Paraguay 4366 de Buenos Aires.

- “Burrero”, “Sillón de oro”, “Salvación”, “Woodman” y “Sentenciado”, (todos tangos) y el fox-trot: “Ay Ramoncito”.

No se conocen grabaciones pertenecientes a su cuarteto, a pesar de su larga trayectoria. Si, por el contrario, existen algunas grabaciones de conjuntos ajenos, donde colaboró circunstancialmente como instrumentista.

Falleció en su ciudad natal, en el 1961.

Actualizado ( Domingo, 21 de Junio de 2015 19:35 )  

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