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FRANCISCO LOMUTO

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HISTORIA ARTISTICA DE FRANCISCO LOMUTO

PATRIARCA DEL TANGO

Primera Parte

Por Pablo Darío Taboada

 

LOMUTO, FRANCISCO JUAN.

Seudónimo: Pancho Laguna

Pianista, director, compositor, autor, productor, dirigente gremial. Emblema del tango

(Buenos Aires, 24 de noviembre de 1893- Tortuguitas- 23 de diciembre de 1950). 

1. PROEMIO DE UNA FIGURA

Como dijo Leopoldo Marechal, el tango se caracteriza por “ser una posibilidad infinita”[1]. En esa dimensión, la cantidad y calidad de representantes que ha tenido nuestra música ciudadana, ha sido propicia para el bien de todos los amantes del dos por cuatro, como una bendición cultural. Es difícil encontrar en otras artes populares, tantas variedades de estrellas, como de fuentes y de posibilidades de regocijo estético. De entre toda esa pléyade de creadores, hombres y mujeres dignos de admiración, emerge con toda fuerza histórico-musical, el nombre de Francisco J. Lomuto.

Pancho Laguna (tal cual rezaba su seudónimo) ha sido otra de las personas de aquella vieja época, que al igual que Francisco Canaro, se consubstanciaron con el tango en sí mismo. A nivel empresarial, gremial y difusivo, Lomuto fue el único co-propietario del tango junto al maestro Pirincho. No digo con esto que sean los únicos popes de la historia del tango, pero sí resalto su magnificencia en el orden de la organización de nuestra música típica. Canaro y Lomuto fueron los dos hombres más poderosos de la historia musical porteña.

Dueño de una personalidad comparable a la de su colega Canaro (coincidencia del destino quien bautizó Francisco a ambos músicos), desarrolló a lo largo de cuarenta años de profesión, una carrera de las más sobresalientes que el tango  haya conocido. Desde el punto de vista musical fue un correcto pianista, un gran compositor y un colosal director de orquesta. Como difusor fue tan genial como lo fueron Pirincho, Roberto Firpo, Osvaldo Fresedo o Juan D’Arienzo.

Su obra, plasmada en partituras y discos que permiten hurgar y recrear su identidad musical, se ha conservado merced al esfuerzo de muchos coleccionistas y de tal suerte, puede ser historiada para que las nuevas generaciones tangueras, puedan tener conocimiento de la trayectoria artística de un hombre  profundamente brillante.  

2. LA FAMILIA LOMUTO

Los progenitores de Francisco Lomuto, provinieron como casi todas las familias del tango, de la masiva inmigración italiana. Su padre, Víctor, había nacido en Calabria en el año 1866. Su madre, Rosalía Narducci era napolitana y había nacido en 1874. En la década de 1880 llegaron a Buenos Aires y contrajeron nupcias en el año 1888, domiciliándose en la calle Cochabamba entre Rioja y Deán Funes, en el barrio de Parque de los Patricios.

Los Lomuto tuvieron una docena de hijos, de los cuales algunos murieron tempranamente. Francisco fue el mayor de los varones nacido el 24 de noviembre de 1893. Tuvo tres hermanas: una mayor (Ángela de 1890) y dos menores: Elvira de 1896 y Rosalía de 1903. De parte de los varones, fueron sus hermanos: Víctor, Oscar, Enrique, Blas y Héctor. (No hemos podido comprobar si Pascual y Oscar eran la misma persona como algunos afirman).

Oscar fue periodista y maestro. También colaboró en algunas letras para los tangos de su hermano como el conocidísimo “Nunca más” que hicieron famoso Carlos Gardel en 1923, Alberto Gómez en los treinta y Héctor Mauré en sus tiempos con D’Arienzo.

Sus restantes hermanos varones fueron todos músicos, a excepción de Blas, que fue una destacada figura militar de la Armada Argentina vinculado a Juan Perón en la década del cuarenta y que ocupó cargos públicos relevantes.

Víctor Dionisio, fue guitarrista y bandoneonista de antigua data. Viajó a Europa donde tocó con Eduardo Arolas, Manuel Pizarro  y el Tano Genaro. Integró otros conjuntos típicos y tuvo a su cargo el suyo propio. Compuso varios tangos, entre ellos “Vos andá que te conviene”, que forma parte de los tantos registros inéditos de Gardel en Europa. La grabación se habría hecho para la Casa Odeón de París.

Enrique, también fue pianista y dirigió una típica que tuvo su resonancia en el período 1935-1943. Grabó algunos pocos temas, como el tango “No me preguntes nada” de Ciriaco Ortiz y Cadícamo.

Héctor Lomuto fue uno de los máximos difusores de las bandas de jazz en el Río de la Plata, estando al frente de la orquesta “Héctor y su jazz”, de extensa trayectoria en la Argentina en casas de bailes, radios y discos RCA VICTOR.

Aparentemente, el padre de los músicos había sido uno de los pioneros con los que contaron los incipientes trios del tango hacia fines del siglo XIX. Por su parte, la madre de los Lomuto tocaba el piano y les impartió a todos sus deudos las primeras nociones elementales de música. Francisco avanzó luego en sus estudios pianísticos en el Conservatorio Santa Cecilia, muy en boga en la vieja Buenos Aires del 1900. Cuando Lomuto adelantó sus conocimientos teóricos, dejó momentáneamente la música, para trabajar como ayudante de telegrafista en el Ferrocarril Pacífico.

Sin embargo, pronto volvería a la música y afortunadamente al tango, en su oficio de pianista estable de las casas de música de aquellos años.  

3. SUS PRIMEROS PASOS EN LA MÚSICA

Lomuto compuso su primer tango en el año 1906. Lo intituló “El 606” y hacía alusión a un medicamento contra la sífilis, integrando el sin fin de tangos dedicados a la medicina que tenían documentados Héctor Ernié y Bruno Cespi. Luego de una edición propia costeada por sus amigos, el gran editor Juan Balerio, lo publicó porque el tango sonaba bien. El éxito fue rotundo, alcanzando las siete ediciones en corto lapso.

Para 1908 aproximadamente, fue contratado por la casa Avelino Cabezas para ejecutar en el piano las piezas de moda a efectos de promocionar la venta de partituras y discos en el local. Igual tarea desarrolló poco después en la Casa Lemos de la calle Florida al 300 y hacia 1910 ofició de similar modo en la Casa de los hermanos Juan y José Tagini, sita en Perú y Avenida de Mayo. Luego trabajó para la Casa Castiglione, nuevamente por la calle Florida. Varios años ocupó esa tarea y hacia 1915 dio a conocer otros tangos que tuvieron cierta fama tocados entonces por Arolas, Berto y Canaro: “El inquieto”, “La rezongona”, “Dardanelos”, “Río Bamba” y “El chacotón”.

En 1916 integró desde el piano un cuarteto junto a Pedro Maffia en bandoneón y Raimundo Petillo y Bernardo Germino en violines, trabajando en el Café “Monterrey”. Entre 1917 y 1920, Lomuto volvió a trabajar en las casas de música del centro y compuso otros tangos que empezaban a sonar fuerte: “Sin dejar rastros”, “Quintaesencia” y “Flor del campo”. Canaro en Columbia y Firpo en los Discos Nacional grabaron sus obras, dándose a conocer así en todos los catálogos de música de aquellos años. (Ferrer-Filipotto también grabaron algunos de sus tangos).

4. LOMUTO SE AFIANZA EN EL MEDIO TANGUERO

En 1918, Lomuto dio a conocer el reconocido tango “Muñequita”, grabado por Ferrer-Filipotto en Columbia y por Firpo en Nacional. Además, Adolfo Herschel le adosó una letra que estrenó en el Teatro San Martín, Maria Luisa Notar. Herschel luego se lo pasó a Gardel para que lo cante el astro (lo llevó al disco en 1920) y de tal forma, Lomuto llegó al repertorio del máximo cantor. A partir de allí, la trascendencia de Lomuto fue incrementándose en marcado aumento con singular prestigio.

En 1922 era tan grande su éxito como compositor, que fue llamado por la casa Glucksmann para grabar en los Discos Nacional en calidad de pianista, haciendo dúo con su colega Héctor Quesada. Así se conocieron los primeros discos de Lomuto en dúos de pianos memorables: “La cautiva”, La brisa”, “Flor de campo”, “Sin amor”, “La percanta está triste”, “Indio manso”, “La copa del olvido” y “De vez en cuando”, llegaron al disco. Lomuto y Quesada se caracterizaban como pianistas de casas musicales y también habían dado algunos espectáculos en festivales desde 1919, lo que les valió la contratación por Glucksmann para grabar lo que hasta el momento hacían. Lomuto no había tenido ocasión de dirigir todavía ninguna agrupación, sino que su carrera se desempeñaba exclusivamente desde el teclado.

Lomuto siguió en su condición de pianista solista en los albores de la radiofonía. Desde 1922, colaboró con los micrófonos de Radio Cultura, Radio Sudamericana y Radio Brusa. Realizó algunos dúos de piano y armonio con su hermano menor, Enrique.

Otro hito en la historia de Lomuto fue su contratación para ejecutar el piano en la orquesta típica y jazz-band del barco “Cap Polonio”. El primer viaje fue célebre: el retorno de Alvear (presidente electo) desde Francia a la Argentina. El encargado de dirigir la orquesta era Manuel Pizarro, quien le dedicara al “Pelado” (como se lo apodaba a Marcelo Torcuato de Alvear) su tango “El estandarte”. Alvear quiso que Pizarro lo acompañara en la travesía y se hiciera cargo de la banda musical que ejecutó ese tango y otros en homenaje al electo mandatario. Para ello, Lomuto había partido en la nave desde Buenos Aires hasta Francia. Allí se embarcaron Alvear, Regina Pacini (otrora soprano y ahora primera dama de la república) y Pizarro;  éste con  Pedro Polito (encargados de los bandoneones), Agesilao Ferrazano (quien al igual que Polito viajó especialmente para integrar la comitiva) y Miguel Tanga -quien estaba en Europa- en violines, Echeverry en batería y Pancho Lomuto desde el piano formaron la banda.

Pizarro se quedó algún poco tiempo en la Argentina trabajando en el “Cap Polonio”, realizando viajes desde Buenos Aires hasta Tierra del Fuego. En 1923, regresó a Europa de manera definitiva, salvo los viajes fugaces que realizaba de tanto en tanto para visitar a su madre, quien vivía en el barrio de Palermo y ofrecer algunas entrevistas y recitales en el país.

Se realizaron tres cruceros en donde Pizarro y Pedro Maffia en bandoneones, Ferrazzano y Esteban Rovati en violines y Lomuto a dos pianos con Alfonso Ramiro Lacueva, recorrieron las costas del Mar Argentino hacia la Isla austral. En esos viajes, surgieron de su creación las notas de “Tierra del Fuego” y de “Nunca más”, grabados por Gardel en 1923. El primero referente a la isla visitada (aunque la letra haga mención a la historia de una mujer de la noche) y el segundo a una enfermedad reumática que había sufrido en uno de esos viajes al sur y por la que pensó que no volvería a tocar el piano, de no mediar por la operación que en el barco le practicó el médico Quintana.  La letra de su hermano Oscar para que la cante Gardel, fue otra naturalmente.

En 1923, Lomuto siguió viajando como pianista estable del barco, preferentemente al Uruguay y al Brasil. Ejecutaba allí tangos y piezas de jazz. A su regreso pensó seriamente en formar una orquesta típica.

5. SU PRIMERA ORQUESTA TÍPICA

Pancho Lomuto se hizo cargo de la dirección del conjunto que había formado su hermano menor Enrique. Francisco tenía treinta años y su hermano diecisiete. Enrique al piano, Ángel Ramos y Vicente Romeo en bandoneones; Lorenzo Olivari y Esteban Rovati en violines y Ángel Corletto en contrabajo integraron la primera orquesta que sonó bajo la dirección de Lomuto.

Ángel Ramos, tan poco recordado, habrá sido uno de los mejores bandoneonistas de la historia del tango. Simple y clarito. Olivari alcanzó con los años formación clásica como solista de violín. Vicente Romeo fue uno de los más destacados fueyeros de la década del veinte. Corletto, pionero de una familia de contrabajistas famosos. Por lo tanto, el éxito de los ejecutantes le aseguró la fortuna al director. Trabajaron en el teatro “Empire” de Corrientes y Maipú secundando a la compañía de baile del gran Casimiro Aín.

En 1924, el conjunto fue llamado a grabar para los Discos Nacional Odeón, donde trabajaban Pacho, Firpo y Canaro. Lomuto lograba ingresar de esta manera al círculo selecto de los más encumbrados directores de típica. En esta ocasión, Pedro Polito empezó a alternar con Canaro y Lomuto como segundo bandoneón de ambos. Ramos alternaba a su vez con otras agrupaciones (tendría luego descollante actuación con Pirincho); por lo tanto, el único bandoneón estable de esta primera orquesta grabadora fue Ricardo Luis Brignolo. Polito alternaba con Romeo (quien trabajaba a su vez en la Víctor con Geroni Flores y en las noches con Cobián); como contrabajista Vicente Mutarelli (hermano de Carmelo, contrabajista de Fresedo) reemplazó a Corletto. Los violines siguieron igual, con el agregado de Eduardo Armani para los discos. Enrique Lomuto oficiaba de pianista. También Nucifor se sumó con su batería para las obras de jazz, al igual que Carmelo Águila con los instrumentos de viento, principalmente el clarinete.

La orquesta de Lomuto empezaba hacer historia[2].


[1] También el gran autor brasileño David Nasser (que tantos éxitos escribiera junto a Herivelto Martins, incluyendo tangos de suma categoría, cantados por Francisco Alves y Nelson Goncalves, como el inolvidable “Carlos Gardel”), llegaba a la misma conclusión.

[2] Las fuentes descriptivas de este trabajo descansan básicamente en los datos suministrados por los hermanos Héctor y Luis Bates en su obra “La historia del tango” de la Cia. Fabril Editora de 1936;  en la obra de Orlando Del Greco, “Carlos Gardel y los autores de sus canciones”, Akián, Bs.As., 1990 y del número 48 de la revista “Los grandes del tango” dedicado a Lomuto , confeccionado por Jorge Palacio. Editorial Tango, Bs. As., 1991. Como en todos los trabajos de esta página, la documentación antigua de mi  colección privada (partituras, revistas antiguas, diarios, correspondencia epistolar, catálogos, discos, libros viejos, fotografías, etc.) sustentan esta y todas mis investigaciones sobre el tango y la cultura rioplatense.

Actualizado ( Sábado, 28 de Enero de 2012 20:23 )  

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