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ALFREDO LE PERA

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ALFREDO LE PERA

EL GRAN LITERATO DEL TANGO

Primera Parte

Por Pablo y Carlos Taboada

Dedicamos este ensayo

al gran investigador gardeliano Carlos Fakih 

 

ALFREDO LE PERA 

(Junio de 1900, San Pablo, Brasil- 24-6 1935, Medellín, Colombia).

Periodista, autor y crítico teatral, traductor y guionista cinematográfico, poeta. Socio artístico y comercial de Carlos Gardel.

  

1. LA FAMILIA LE PERA. SU NACIMIENTO EN EL BRASIL. SUS ESTUDIOS INICIALES

Alfredo Le Pera ha sido sin ningún margen de dudas, uno de los mejores poetas románticos que diera el tango. Su impronta está marcada en la belleza insuperable de sus composiciones. Le Pera le dio a la poesía del tango la universalidad necesaria para que pudiera ser entendido por todos los públicos del mundo, sin perder la esencia porteña, ya que en cada una de sus obras está presente el sentimiento genuino de nuestra canción.

El día de su nacimiento, así como su nombre, son datos controvertidos en función de los diferentes autores que han investigado. Para Rubén Pesce (quien escribió una muy buena biografía del poeta) su nacimiento se produjo el 6 de junio de 1900, mientras que para el gran Tito Livio Foppa, fue el 4 de junio. El hermano del aedo, el Dr. José Le Pera,  lo daba nacido el 6 de junio de 1900 (tal vez Pesce tomó los datos de la familia Le Pera) y para Orlando del Greco, el nacimiento ocurrió el 8 de junio de 1900, fecha que también es la que consta escrita en su bóveda (por lo que suponemos que algún familiar también habrá aportado el dato disímil). Aparentemente el acta de nacimiento da como fecha de natalicio la del 7 de junio a las 22. 30 horas y que su único nombre fue Alfredo. Su hermano José afirmaba que el nombre completo era el de Alfredo Alfonso de Paula Le Pera, y otros autores lo dieron como Alfredo Le Pera Sorrentino.

Posiblemente esto explique las confusiones originales: sus padres fueron Alfonso Francisco de Paula Le Pera y su madre María Sorrentino Moreno. Su padre era de Cosenza (Calabria) y su madre de origen napolitano. En 1898 se radicaron en Buenos Aires, para  establecer un negocio de venta de aceite italiano. Se domiciliaron en Rodríguez Peña 373. El matrimonio Le Pera tuvo un hijo que murió al poco tiempo de nacer.

En el año 1900 se trasladaron por cuestiones comerciales a Río de Janeiro, y luego se alojaron en San Pablo. Al emprender el viaje Doña María, estaba embarazada y en la ciudad de San Pablo, dio a luz a su hijo Alfredo. A los dos meses retornaron a Buenos Aires donde lo inscribieron civilmente. Luego el matrimonio, tuvo otros dos hijos más: Elvira (quien fuera pianista clásica en Italia) y el precitado José.

El pequeño Alfredo realizó su ciclo de escuela primaria en el colegio Gervasio Posadas, sito en las calles San Juan y Pichincha. Al concluir la primaria, pasó el bachillerato en el Colegio Nacional Bernardino Rivadavia.Cursando el bachillerato, Alfredo escribió una monografía sobre literatura española de cuarenta páginas. El profesor de la materia era Don Vicente Martínez Cuitiño, quedando gratamente sorprendido por la calidad del trabajo de su alumno. Martínez Cuitiño era ya un reconocido dramaturgo y crítico teatral con varias obras estrenadas con gran éxito, y en 1906 había publicado un libro de poemas titulado “Rapsodias Paganas”.

El Dr. Cuitiño (era abogado, doctor en derecho y ciencias sociales, periodista y docente), se interesó por ese alumno que había escrito tan notable monografía, lo aconsejó y le brindó su amistad. Fue Don Vicente, quien vinculó a Alfredo con los círculos literarios de la época, ya que por su intermedio el joven conoció  nada menos que a José Ingenieros, a Alberto Vacarezza y al poeta y periodista libertario, José De Maturana, entre otros reconocidos hombres de letras.

Le Pera también cursó estudios de piano en el conservatorio “La Salvia”, sito en San Juan y Jujuy, con el profesor Alfredo de María, llegando a leer el pentagrama correctamente y ejecutar con buen gusto algunas canciones de época. 

2. SUS PRIMEROS PASOS EN EL PERIODISMO

Por medio de Martínez Cuitiño ingresó luego al diario “Última Hora”, como colaborador en la página de teatro. En ese diario colaboraba también Luis Cesar Amadori, quien al igual que Le Pera, era estudiante de medicina. Efectivamente, Alfredo estudió las materias teóricas en medicina para darle el gusto a sus padres, pero abandonó en cuarto año, para dedicarse de lleno al periodismo teatral. Más tarde, trabajaría en otras redacciones como crítico y brulotista. A guisa de ejemplo, podemos nombrar al  diario “La Acción” y posteriormente: “Noticias Gráficas”  y “El Telégrafo”. En este diario supo tener de compañeros a Pablo Suero, Emilio Bastidas y Alberto Ballesteros, en la página de espectáculos.  En ese periódico, Le Pera llegó a ser jefe y tuvo bajo sus órdenes a quien fuera su gran amigo, el periodista Manuel Sofovich. 

3. SU INICIO EN EL TEATRO

Como periodista y critico teatral, Le Pera se entremezcló rápidamente en el medio y dada la flexibilidad horaria y la actividad de su tarea en los diarios, pudo dedicarse a trabajar también como secretario de algunas compañías teatrales. Desde 1923 aproximadamente, fue asistente de la compañía de los Podestá, en una gira por el interior del país y de la de Tomás Simari en Buenos Aires, en el Teatro de Verano. Le Pera, buen conocedor del ambiente entre bambalinas, asumía no un asesoramiento artístico que estaba al frente de los directores, sino la producción ejecutiva y administrativa de la compañía, tarea eficiente que luego desempeñaría, además de la brillante asesoría artística, para con Carlos Gardel.

Paralelamente y con el pretexto de obtener algunos ingresos extras (la familia de Le Pera gozaba de una buena posición económica, y a Alfredo nunca le fue mal comercialmente, tan es así que además de las propiedades que tuvo su familia, él compró un gran departamento en Corrientes al 1200), comenzaron con sus amigos Pablo Suero y Manuel Sofovich a escribir escenas para las revistas del teatro Sarmiento, siendo empresario del mismo Mario Benard y director de orquesta, el maestro Salvador Merico.

Entre los actores de la compañía del Sarmiento estaban, Enrique Santos Discépolo (con quien lograra una buena relación), Bertha, -quien luego sería la esposa de Sofovich-, la vedette Carmen Lamas, -quien tuviera un romance pasajero con Alfredo- y entre las bailarinas, Aida Martínez, quien sería para siempre el amor de su vida. (En otra entrada ampliaremos la vida privada de nuestro biografiado, en la medida que pueden encontrarse paralelos emocionantes entre sus vivencias -comprobadas por correspondencia personal y narraciones de sus amigos-, y las letras de sus tangos).

4. UN ENCUENTRO CON CARLOS GARDEL

Hacia mediados de la década del veinte, Le Pera era ya un conocido periodista, temido en el medio revisteril por sus acostumbrados brulotes (criticas despiadadas y con humor muy ácido contra los artistas). Siempre se ha comentado, que en los años veinte, se había ensañado contra Gardel y que éste había ido a increparlo al periódico. Lo cierto es que más allá de esta alusión (comentada más de una vez por un amigo de ambos, Edmundo Guibuorg), no hemos hallado a la fecha, la critica contra el cantor. Inclusive, Don Edmundo se encargó de aclarar que él tampoco había conocido el brulote, aunque sí manifestó, que había escuchado varias veces esa historia en el ambiente, aunque nunca develó el misterio con los protagonistas.  

Lo concreto hace pensar que el testimonio de Tomás Simari, sea el más elocuente para sospechar de un primer encuentro ocasional entre los dos genios. Alrededor de 1923, Le Pera colaboraba como asistente de Simari en el Teatro de Verano de la calle San Juan y Gardel, quien habría ido a saludar al actor en el ensayo de turno, fue presentado entonces, por el hombre de las mil voces, al joven critico Alfredo Le Pera.

Posiblemente, hayan tenido otros encuentros esporádicos en los cafés porteños, si seguimos el razonamiento aportado por Edmundo Guibuorg. Cuando éste le dijo a Gardel en Europa, que tenía un colaborador para él, Gardel habría expresado conocerlo de algunas tertulias celebradas en Buenos Aires. No obstante estos tibios acercamientos (de los cuales Gardel tuvo miles y de allí muchos se ufanaban amistades inexistentes), Le Pera empezaría a trabajar para Gardel en la etapa fílmica del cantor en 1932. Volveremos después sobre este punto.  

5. PRIMER VIAJE A EUROPA. SU INGRESO AL CINE COMO TRADUCTOR. SUS OBRAS TEATRALES

Un tema privado (como analizaremos en otra entrada), hizo que Le Pera abandonara Buenos Aires para marchar repentinamente a Suiza, hacia fines del año 1927. Dados sus vínculos teatrales, cruzó luego a Francia para asesorar al empresario y autor español Mariano Hermoso, con el objeto de adquirir decorados y vestuarios usados, para las compañías argentinas. En ese tren de objetivos, Le Pera trabó contacto con la Compañía de Madame Rasimí, y compró parte de los elementos en desuso de esa firma artística (entre ellos, 30 perros galgos), que servían para engalanar los escenarios porteños. Asimismo, en París, se interiorizó como cronista enviado de los diarios argentinos, en el mundillo del cine mudo francés y en las pruebas sonoras que se estaban realizando en aquel país, para importar producción e ideas a nuestra tierra.

En 1928 regresó a Buenos Aires y comenzó a trabajar con Leopoldo Torre Ríos, en la traducción de cartelería de películas francesas y alemanas para la distribuidora cinematográfica Terra. Recordemos que Le Pera dominaba varios idiomas: al italiano madre y al español aporteñado que aprendió naturalmente, Le Pera sumó estudios de inglés y de francés en la escuela nacional y con el tiempo, aprendió algo de alemán, lo que le permitió dedicarse a traducir películas en Europa para varios países, tarea que como se ve, empezó en Buenos Aires con las cintas mudas y las primeras sonoras hacia 1929.  Varios literatos que lo trataron, afirmaron que Le Pera leía en todos estos idiomas y que tenia miles de libros en su domicilio de la calle Corrientes.

Mientras tanto, en el período 1927-1930, Alfredo no dejó sus tareas en los diarios ni tampoco en los escenarios, ya que desde su primera obra la cual tituló “La sorpresa del año”  -que se estrenó en el Sarmiento, el 24 de diciembre de 1927- en colaboración con el empresario Humberto Cairo, no cesó en su tarea de escribir revistas famosas con lo más granjeado del espectáculo de entonces: con Alberto Ballesteros y De Gainza escribieron “Los modernos mandamientos”; y a estas obras le siguieron: “Melodía de arrabal” (Le Pera trabajaba sobre este motivo desde antes de la película), “Que quieren los brasileños”, ”Piernas locas, bocas rojas”, ”La vida se va en canciones”, “Está abierta la heladera”, ”Ya están secando con Broadway” y la más dilecta, “La plata del bebé Torres”, escritas con Pablo Suero y Manuel Sofovich.

También tuvieron su fortuna: “Opera en jazz”, “Piernas de seda”, “Un directo al corazón” (las cuales escribió con Antonio De Bassi, Antonio Botta y Carlos E. Osorio) y “Gran circo político”, notable pieza de 1931, en colaboración con el rey del brulote, su amigo Julio Filiberti Escobar, dirigida en el Teatro Smart por Félix Blanco y actuada por un elenco de estrellas como Enrique Muiño, Manolita Poli, Aída Cornaro y otros.  

6. SU VIAJE A CHILE Y EL TANGO “CARILLON DE LA MERCED”

Hacia fines de 1930, Mario Benard comandó empresarialmente una revista para llevar nuestros tangos a Santiago de Chile. Le Pera viajó  al trasandino país,  como secretario de la compañía, en la que se lucían Carmen Lamas y Tania. También viajó como asistente de la cancionista su marido y manager, Enrique Santos Discépolo. Estando en esta ciudad, se produjo el encuentro histórico para la creación de un tango de antología.

Discépolo compuso la música de “Carillón de la merced”. Le Pera, le adosó una letra de inmediato, en la medida que era sabida la tardanza que por perfeccionista tenía Discepolín  para escribir las letras. Ante algunas ideas básicas del compositor: “Tu canto como yo, se cansa de vivir y rueda sin saber donde morir” (palabras que parecerían ser el aporte discepoliano a la letra), Le Pera volcó todo su talento para escribir, aparentemente, su primer tango.

El éxito de éste en la voz de Tania, conmovió de inmediato a los hermanos chilenos. Los autores fueron saludados desde los palcos y ellos debieron retribuir el gesto con ademanes y algunas palabras al público desde el escenario. Discépolo estaba acostumbrado al éxito de sus tangos, pero no así Le Pera, quien de esta manera trepó a la cúspide con una sola obra.

El tango fue grabado inmediatamente por Ignacio Corsini en la casa Odéon. Alberto Gómez hizo lo propio en la Víctor, al igual que la orquesta típica de ese sello con la voz de Ernesto Famá. Luego lo grabaría Tanía y con los años De Angelis con Carlos Dante. No corresponde aquí, analizar la posible interpretación que Gardel hiciera de esa señera obra.  Lo cierto es que el tango ha pasado a ser un clásico del género.

7. SU VIAJE AL URUGUAY Y OTRA VEZ A EUROPA

Por obra de un brulote de 1931, nació la vinculación de Le Pera con el actor Pedro Quartucci, recién llegado de Europa, quien le habría exigido explicaciones al crítico. De ese encuentro, surgió una cordial relación que culminó con la dirección de Le Pera de la compañía del Teatro Cómico, que capitaneaba el actor y deportista, para una gira por Montevideo. Esta fue la primera oportunidad que tuvo Le Pera para dirigir una compañía en pleno.

Entusiasmado con los temas cinematográficos, empresarios locales del celuloide y el diario “Noticias Gráficas”, le encomendaron la tarea de viajar a Europa para realizar una serie de entrevistas, concretar lazos comerciales ligados al cine y efectuar estudios de mercado para filmar en el país.

En esa suerte, Le Pera se embarcó para Italia a finales de 1931. Visitó en diciembre a sus familiares que se encontraban desperdigados entre Milán y Roma y entrevistó para los diarios, a dos críticos de talla como  Renato Simoni y Silvio D’ Amico. Pasó luego unos días a París, en tren de critica de las revistas musicales y para principios de 1932, cruzó a Londres para la misma tarea. Además tuvo en ese viaje, la posibilidad de entrevistar a su ídolo, Alfred Hitchcock, en un reportaje que salió para “Noticias gráficas”. También realizó la traducción de la obra “La coartada de diez minutos” de Antonhy Armstrong. Le Pera se especializó en la novela y el cine policial, que formará parte de varias tramas en las películas de Gardel.

Después de unas semanas en Londres, donde frecuentó cines y teatros para la crónica, regresó a París para seguir trabajando como traductor de películas. Le Pera había ingresado en la Paramount francesa para subtitular filmes del inglés y del francés al español y viceversa. No abandonó tampoco su loable labor de entrevistador y envió desde Europa, entrevistas a los más selectos famosos de la meca mundial como la vedette Josephine Baker, el director de cine francés René Clair y la actriz gala, Gaby Morlay. Poco después, pasó en función de traductor de cintas del inglés y del francés al alemán, a la ciudad de Berlín, donde estuvo un par de meses trabajando. Conoció a Mona Maris y también entrevistó allí a Marlene Dietrich para “Noticias gráficas”.

En el mes de septiembre, regresó a París para trabajar decididamente con Carlos Gardel.  

8. LE PERA SE UNE A CARLOS GARDEL. LONDRES, PARÍS Y BERLÍN

Al margen de los encuentros frugales en Buenos Aires, Gardel y Le Pera fueron cimentando poco a poco proyectos conjuntos en Europa. Edmundo Guibourg fue testigo de dichos encuentros, que ordenados por nuestra investigación (ya que los recuerdos del emérito periodista no guardaban prolijidad cronológica), serían los siguientes.

En enero de 1932, Gardel se encontraba trabajando en Londres. Cantaba para la radio británica y también hacía un espectáculo de variedades en un dancing hotel de la Picadilly Circus (según correspondencia de Luis Pierotti). Le Pera trabajaba allí como cronista y además se había vinculado afectivamente con una bailarina inglesa, como luego detallaremos en otra entrada.

En esos días londinenses, Guibourg que oficiaba como corresponsal para “Crítica”, volvió a presentar a Gardel con Le Pera. Pierotti negociaba desde París, la contratación de Gardel para el cine y el cantor buscaba asesoramiento para libretos. Es factible que la falta de solidez argumental fuera una demora importante a la hora de negociar los contratos fílmicos, además de los asuntos financieros. Gardel pretendía que Guibourg fuera su guionista, pero Don Edmundo tenía demasiado trabajo como corresponsal (no olvidemos que de él dependían no solo las entrevistas culturales, sino todas las noticias políticas de Europa) y también hacía las veces de traductor del francés  y el italiano al español para alguna editorial, especialmente en lo tocante a obras de teatro. La negativa de Guibourg en este tema, hizo que Le Pera cobrara cada vez más protagonismo.

Para los meses de abril y mayo de 1932, Gardel y Le Pera volvieron a reencontrarse en París. En esta estadia parisina, Guibourg citó al cantor y al poeta en el “Café Rochefoucauld” y a partir de allí, tomaron el compromiso de trabajar juntos, en mérito a que posiblemente, el cantor sería llamado a filmar de un momento a otro. De esos días, en los cuales Gardel hacía un ciclo de audiciones para las radios de París en combinación con ondas de Londres, datan algunas tertulias en la casa de los hermanos Torterolo (quienes se hallaban radicados en Francia por asuntos turfísticos), donde Gardel y Le Pera, fueron confraternizando con Mario Batistella, quien trabajaba como traductor de letras de tangos, para una editorial francesa.  

Hacia fines de mayo de 1932, Gardel y Batistella como guionista, viajaron junto a Pierotti rumbo a Italia, para negociar la participación del cantor en una producción italiana de Stéfano Pittaluga, a la sazón, el mayor productor cinematográfico de ese país. Pero a los pocos días de llegar a Roma, el cineasta murió y los financistas de la empresa frenaron sus proyectos. Gardel aprovechó su estadía en Italia y realizó durante el mes de junio, una breve gira por la península que prosiguió luego a Niza, en la costa azul francesa. En ese interín, Le Pera se mudó un tiempo a Berlín, para trabajar en el país germano. 

Poca gente conoce que Gardel pasó de Niza a Barcelona para grabar discos en julio y los últimos días del mes, se trasladó desde el norte de España, -en compañía de Juan Cruz Mateo, Luis Pierotti y señora, y Carlos Lenzi- hacia Alemania. En el viaje, efectuado en el vapor “Antonio Delfino”, se sumó a la comitiva, Edmundo Guibourg, quien acompañó a la delegación gardeliana desde el puerto de Ruán, hasta Hamburgo. Gardel llegó a Berlín y allí se reencontró con Le Pera. Mientras Gardel ofreció una docena de conciertos en la capital alemana, Pierotti volvió a Francia para cerrar los detalles de los contratos con la Paramount. De conformidad con una carta de Le Pera, se desprendería que el cantor y el poeta hicieron algún trabajo cinematográfico en Berlín, que por supuesto desconocemos.

En septiembre de 1932, Gardel y Le Pera, volvieron a París, llamados por Pierotti para empezar a filmar en la Paramount.  En esta primera etapa cinematográfica, Gardel formará un trío artístico formidable con Le Pera y Mario Batistella. Una gran etapa empezaba para la historia del tango.

PD: Aclaramos que los datos inéditos que suministramos sobre los movimientos de Gardel y de Le Pera del año 1932, han sido recopilados merced a una gran cantidad de cartas desconocidas de Gardel, Isabel Del Valle, Luis Pierotti, Mario Batistella y naturalmente, Alfredo Le Pera, que forman parte del archivo de nuestras colecciones privadas y de algunos amigos como Ricardo Stockdale, Carlitos Fakih y Don Bruno Cespi.                      

Actualizado ( Sábado, 28 de Julio de 2012 17:02 )  

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